MARCELA CARDENAS INVITADA A ARCO MADRID 2015

Por Ana Cristina Vélez / Blogs El Espectador Catrecillo

Marcela Cárdenas es una antioqueña, joven creadora con una obra artística asombrosa. Fue invitada recientemente a la feria Arco, en Madrid, seleccionada por el curador Juan Gaitán, dentro de los artistas que representa la galería Nueveochenta, en Bogotá.  Juan Gaitán es el comisario para esta feria Arco Madrid 2015; al final del artículo está su selección.

Desde sus primeras obras, la calidad técnica salta a la vista. Marcela trabaja poniendo cuidado a los detalles. Aunque todo su trabajo artístico se caracteriza por un innegable sentido estético, es bello, no se queda allí, siempre comunica sobre algún asunto profundo, va más allá de darle gusto a la percepción y nos hace pensar.

Su trabajo más reciente titulado: Disecciones. Estudio de anatomía botánica, es el trabajo que expondrá en noviembre en la  galería Nueveochenta; y a la feria de arte en Madrid irán variaciones sobre el tema. La exposición contará con siete esculturas de tamaño mediano, mesa de exposición y cinco grabados impresos sobre seda.

La obra Disecciones. Estudio de anatomía botánica conjuga una serie de intereses que han estado siempre latentes durante la trayectoria e historia de la artista: la biología y el arte. Marcela ha coleccionado desde niña libros de ciencia y enciclopedias. Recordemos que el dibujo anatómico no copia la realidad, la codifica de una manera que la haga comprensible. En los dibujos de la Expedición Botánica, la planta escogida para estudio no se muestra dentro del paisaje, no; se la ha aislado, se la ha disecado, aplanado, se la ha seccionado en todos sus componentes, para distinguirlos, para enseñarlos, para poder reconocerlos con base en criterios muy estandarizados y claros. De ese código se apropia Marcela Cárdenas para hacer su trabajo tanto bidimensional como tridimensional.

Dentro del código utilizado en sus grabados se aprecia la contracopia, que nos lleva a pensar en las imágenes usadas en el test de Rorschach, esa simetría lograda por la impresión especular, sobre el eje vertical, de una imagen. Una simetría que se presenta en la naturaleza, en muchos de sus órganos: riñones, pulmones, cerebro, brazos, piernas. También la presencia del plato de laboratorio en la parte inferior de la composición nos habla sobre el código. El plato contiene la semilla: como semilla y como origen de lo que luego se ha desarrollado, y que vemos en la parte superior de la seda impresa.

La obra exige del espectador un esfuerzo, pues no describe ni animal ni planta conocidos. Cada grabado y cada escultura se componen de piezas muy escogidas y pensadas, dispuestas de tal forma que se imponen como una unidad orgánica-onírica. Los “órganos” que las componen nos llevan a otro tipo de reconocimiento. No son objetos biológicos los que tenemos que entender, sino todo lo contrario; estos híbridos de partes humanas, animales y plantas evolucionan solo en el juego de la imaginación y de las creaciones de la ciencia. Marcela Cárdenas recrea artísticamente lo que hace el científico en el laboratorio cuando introduce en un tomate (los larga vida) el gen que le permite no congelarse a un cierto pez que vive en las aguas polares, y por tanto a los tomates, el resistir cambios de temperatura sin dañarse. En estos “órganos” reconocemos metáforas de los procesos de la vida en evolución, a escala humana y a escala molecular, que nos hace pensar en las estructuras que dan soporte a la vida, y la hacen posible.

Las imágenes de Cárdenas son finamente poéticas. Las piezas tridimensionales, a pesar de recordar los órganos metidos en frascos con formol, que habitualmente encontramos en los laboratorios, a pesar de la constancia de la “muerte”, de que no quedan señales de vida en esos órganos, ni el rojo de la sangre ni el verde de la clorofila, no sentimos en ningún momento repulsión; es más, sentimos atracción, pues también nos acerca mentalmente a los productos del pastillaje (trabajos en azúcar para pastelería) y a la belleza y delicadeza de la porcelana.

En la mesa diseñada por Cárdenas (es fácil reconocer en toda la obra el criterio de diseñadora profesional, carrera que estudió antes de entregarse al arte) y en los objetos que dispone en ella apreciamos el espíritu coleccionista de botánica y de artista. Su trabajo Disecciones. Estudio de anatomía botánica requirió una previa búsqueda de semillas, raíces, troncos y materiales; además, una investigación sobre resinas, cauchos, gomas, plásticos para su producción. Ahí están algunos de ellos, dispuestos en la mesa, como parte del proceso de esta fantástica obra. Y digo fantástica, porque mueve con fuerza la fantasía del espectador.

A Cárdenas le interesan los límites entre los reinos: mineral, vegetal, animal, y los límites entre lo inerte y la vida. Algunos virus se comportan como cristales que un día reviven y empiezan a replicarse y a actuar. Las instalaciones con piezas de cristal en forma de diamante, rellenas de pelo, son una materialización de esta idea. Las formas geométricas encarnan las estructuras moleculares, y el pelo encarna la vida, lo que ya ha evolucionado.

Antes de Transicionales (los cristales rellenos de piel) surgió Flora y fauna. Esos dibujos de mujeres en cuyos cuerpos habitan animales y plantas, que nos hablan del misterio de lo que somos: seres habitados por fantasmas; manifestaciones de vestigios genéticos de reptiles y de peces en nuestro ADN y en nuestro comportamiento. En el trabajo de Marcela uno constata su capacidad de concentración. Se podría decir que mira el mundo desde una habitación privada, como aguda observadora, que, rodeada de sus juguetes personales, recrea con ellos la realidad externa. La obra de Marcela Cárdenas parece hecha para sí misma, está desligada de lo que se pone de moda.

Pensemos en su Taxonomía de fauna doméstica o en sus Paisajes domésticos. Sin salir de casa ha encontrado un mundo rico en formas, texturas y relaciones. Casi puede uno contar la historia de lo que sucede entre los objetos, como si estos tuvieran una vida secreta, que Marcela conoce y nos deja intuir. Veamos Estudio para perforar una zorra y nos daremos cuenta de que la zorra es de cuento, que posiblemente habitaba, desde hace mucho tiempo, la biblioteca de Marcela Cárdenas. Ella parece extraerla del libro e infundirle vida, para jugar con ella un juego sofisticado, donde los efectos gráficos son efectos juguetones que momentáneamente, pero de manera muy sutil, se convierten en símbolos horribles de nuestro proceder con los animales. Al mismo tiempo nos damos cuenta de que también se trata de una representación de la zorra- mujer, pues el trabajo sugiere distintas lecturas.

Su trabajo Botánica celeste exige del espectador un contexto más amplioEs coherente y  responde contundentemente a una investigación que hizo la artista sobre John Cage. Una vez se conoce el contexto, el trabajo parece apuntar al espacio microscópico y al cósmico, a uno de esos misteriosos lugares que Borges llamó el Aleph, donde cabe todo. La metáfora en la obra de Marcela Cárdenas es la constante; esta siempre será de dimensiones variables, según la experiencia del espectador.