HIBRIDOS

Por Ignacio Piedrahíta / www.ignaciopiedrahita.com

Las formas de los seres que habitan el mundo están lejos de ser eternas y estáticas. Al contrario, son móviles y efímeras, tanto para animales y plantas como para piedras y minerales. Y más bien se transmutan que desaparecen, llevadas al límite de sus posibilidades por la imaginación misma de la naturaleza. Esta evolución natural es cercana, si se quiere, a la técnica del collage, pues ella despliega sobre un solo plano la diversidad de los tiempos.

Particularmente en Pseudoxia Epidemica, de la serie Alteritas de Marcela Cárdenas, la fluidez que se percibe entre las partes sugiere la gradualidad que subyace a las mutaciones genéticas. La variedad de los seres vivos es evidente, pero no lo es tanto que esas variaciones manen de un mismo tronco, antes siempre más cercanas de lo que están ahora. Igualmente sucede entre los elementos de la obra, que parecen brotar unos de otros, si bien sus semejanzas desaparecen conforme se despliegan.

En sus expresiones más puras, Marcela refleja un disfrute en la representación. Uno parece estar observado la armonía en descripciones linneanas, que en su momento llegaron a poner erótico orden a la ciencia de la taxonomía. En la obra está presente esa sexualidad que juega a crear el mundo, cuya semilla brota desde más allá de la superficie, a partir de una nada blanca de la que todo surge.

Una vez narrada con esmero la anatomía de cada individuo, Marcela crea sus propios híbridos, como lo hacían en sus jardines los primeros genetistas, al recuerdo del monje Georg Mendel en su abadía. Buscaban esos mecanismos de transmisión de información, masculinos y femeninos, que dan lugar a un nuevo ser, con los rasgos azarosos de uno y otro progenitor. Así mismo se siente el trabajo de Pseudoxia en la transición entre los motivos del collage: unos elementos dominan en la forma siguiente, otros quizá lo hagan luego, en otra generación. Al imitar la naturaleza, se intenta aprender sus procedimientos.

Sin embargo, la obra llega aún más lejos. De manera activa, Pseudoxia tiene mucho que decir sobre el gran tema de la manipulación genética. Y, más interesante aún, no lo hace como una crítica. Al contrario, inscribe la mirada del artista como una voz preponderante en el escenario. Por una parte advierte, señala el futuro, por otra propone sus propios híbridos, con sus determinadas formas y pieles. No se trata sin embargo de una propuesta concreta, sino de una exigencia con el cuidado de la esencia de la naturaleza.

Pseudoxia habla de la gran capacidad del ser humano para transformar y transformarse, materia fundamental de la supervivencia desde los primeros mitos hasta los más recientes adelantos de la ciencia. Sin la participación del artista será imposible mantener los rasgos de lo que es natural. Y no solo para la hibridación de sí mismo, sino del mecanismo todo de la biología. La selección natural nunca ha dejado por fuera la belleza, y el artista está allí como garante.

 

Ignacio Piedrahíta